El egoísmo de los turistas que imponen música a todo volumen en espacios naturales no solo arruina la paz de los bañistas, sino que altera de forma drástica la supervivencia de aves, peces y delfines.
(Nota Especial, Venezuela, LaLocura Network) 29 de mayo de 2026. — Ir a la playa solía ser sinónimo de desconexión, de escuchar el vaivén de las olas y conectar con la naturaleza. Sin embargo, hoy en día muchas costas se han convertido en discotecas a cielo abierto por culpa de personas inconscientes que, bajo una falsa idea de «diversión», imponen su música a niveles estridentes. Esta alarmante falta de civismo y empatía no solo pisotea el derecho al descanso de los demás ciudadanos, sino que está provocando una silenciosa tragedia ecológica: la destrucción de la fauna marina.
El reciente e indignante caso viral ocurrido en Playa Conomita (estado Anzoátegui), donde un grupo de turistas se negó rotundamente a bajar el volumen de su música a pesar de los ruegos de una madre con un niño con trastorno del espectro autista (TEA), puso en evidencia una realidad insostenible. La intervención de la policía local y el Ministerio Público demostró que el ruido generado superaba con creces los 75 decibeles, un límite intolerable incluso para zonas comerciales.
Egoísmo humano: «No saben disfrutar y no dejan disfrutar» El perfil de los infractores se repite cada fin de semana: ciudadanos que equipan sus vehículos o llevan grandes parlantes portátiles para apoderarse acústicamente del espacio público. Su incapacidad para disfrutar de la naturaleza en su estado puro no solo arruina la experiencia de quienes buscan paz, sino que expulsa a las familias de los balnearios debido a la insoportable contaminación acústica. Pero lo más grave es que este comportamiento egoísta resulta ser una «sentencia de muerte» para los animales vulnerables.
Una amenaza directa para la biodiversidad El doctor en biología marítima y acuicultura, Ángel Fariña, advirtió en una reciente entrevista para el diario Últimas Noticias que los ruidos molestos causan impactos devastadores en la fauna. «Muchas especies marino-costeras —como delfines, aves, peces y crustáceos— emplean sonidos naturales para comunicarse, aparearse y orientarse», explicó el especialista.
Cualquier ruido superior a los 60 decibeles rompe este equilibrio vital, con consecuencias nefastas:
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Interrupción de la vida: Los peces jóvenes logran guiar su camino hacia los arrecifes de coral guiándose por los ruidos naturales del ecosistema; la música alta quiebra por completo este proceso de orientación.
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Abandono y estrés: Se han reportado casos de aves playeras que se ven forzadas a abandonar sus nidos, interrumpiendo el apareamiento. Animales como los grillos de playa y ranas costeras cesan por completo su cortejo ante el estruendo.
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Enfermedades: La exposición continua al ruido eleva drásticamente el cortisol (la hormona del estrés) en los animales, debilitando su sistema inmunológico y dejándolos desprotegidos ante virus y depredadores.
Hacia un marco de sanciones severas En Venezuela existen regulaciones como la Ley Penal del Ambiente (que estipula arrestos de 3 a 6 meses o multas severas de hasta 600 Unidades Tributarias para quienes degraden el entorno con ruidos molestos), además de la Ley de Calidad de las Aguas y del Aire, que prohíbe explícitamente estas emisiones en playas y balnearios. Sin embargo, la inconsciencia ciudadana obliga a los expertos a exigir medidas mucho más drásticas.
El Dr. Fariña sugiere avanzar hacia la prohibición total del uso de música en las playas y adoptar modelos sancionatorios como los de España o Portugal, donde las multas por generar contaminación sónica en espacios naturales pueden alcanzar los 36.000 euros.
La solución empieza por la educación y el respeto elemental, pero ante la falta de conciencia de algunos, la denuncia y la ley penal deben actuar con firmeza. Los entornos naturales están repletos de sonidos maravillosos que no tienen por qué ser opacados por el egoísmo acústico de unos pocos.
¿Quieres denunciar la contaminación sónica en espacios naturales? Las autoridades han dispuesto de canales confidenciales las 24 horas del día:
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Página Web: 0800ambiente.com
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Línea Telefónica: 0800-AMBIENTE (0800-2624368)
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Instagram: @0800ambiente
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Correo de Inparques: denuncias@inparques.gob.ve
